Narco Maletas: uso consciente del poder para fines ilegales
El caso de las narco-maletas, deja al
descubierto una realidad profunda y alarmante: la existencia de una red de
personas ambiciosas, oportunistas y corruptas que, amparados en cargos
públicos, utilizaron el Estado como una fachada para actividades ilícitas.
Entre los implicados figura la exdiputada
Laura Rojas, quien incluso se presentaba como candidata a concejal por Santa
Cruz en las elecciones subnacionales. También aparece el juez Hebert Zeballos,
que además de su función judicial es propietario de una empresa de seguridad,
lugar donde presuntamente fueron depositadas las 32 maletas traídas de EEUU. En
ese mismo espacio, tras el allanamiento, se hallaron marihuana y una máquina
procesadora de droga, lo que agrava considerablemente la situación.
A este cometido se suman funcionarios
de la Aduana del aeropuerto de Viru Viru, quienes no solo incumplieron su
deber, sino que presuntamente habrían actuado en complicidad. Su rol era clave
para prevenir este tipo de hechos, pero el sistema evidentemente fue vulnerado
desde dentro.
No se trata, por tanto, de actores
marginales ni improvisados. Son personas que conocían perfectamente cómo funciona
el aparato estatal y supieron aprovechar sus debilidades en beneficio propio. Los
hallazgos tras el allanamiento sugieren, además, que no sería la primera vez
que operaba de este modo.
Por tanto, la pregunta que queda flotando
es inevitable: ¿para algunos, ser funcionario público se ha convertido en una
simple escalera para delinquir? Y más aún, ¿por qué el sistema permite que
estos personajes, incluso después de escándalos graves, encuentren siempre una
vía de retorno al poder o a la vida pública?
A la luz de los hechos, no solo falla
la ética individual, sino también la estructura que tolera, normaliza y, en ocasiones,
termina protegiendo la impunidad.
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